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Nuevos vestidos para antiguos sentimientos


Han Cao borda con sus hilos una foto antigua: blanco y negro; realmente llena de grises. Puntada a puntada aparecen nuevos vestidos sobre dos figuras, una mujer y una niña.


De esta escena alcanzamos a saber que se trata de una fotografía muy antigua. Esas personas hoy no son exactamente las mismas. Sobre lo que pasa entre ellas esta foto atestigua.


Hay algo sobre lo que mi atención se dirige, con toda fuerza magnética, creo que tiene que ver con la vitalidad que la imagen adquiere. Es posible que sea así debido al color que los hilos impregnan.

Pero hay algo más.

Una red, un tejido, la suma de todas las puntadas allí organizadas, dispuestas con el afán de la abeja sobre su panal, que arropan bellamente a quienes parecen ser madre e hija.


Y luego la mirada. La madre está atenta sobre la pequeña, la mira con sus ojos, sus manos, el cuerpo. La viste con un traje y con su cuidado, la viste de tantas maneras.

Hay belleza, vida por todos lados: de la madre a la hija, de quien adorna la foto, de quien desea vestir una vez más, hacer gala, de ese día y de ese instante.

Deseo.


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