Dejar una marca, pensar Caracas.
Dejar una marca. Encuadrar un acontecimiento y un nuevo ordenamiento. Como escritura posible de no saber. Como huella ahuellada de un deseo por materializar. Dejar una marca: rosa, azul, verde, amarilla… Caracas.

Este es un post que es una polaroid, un recorte de cierta experiencia de la que mucho no hay para decir. Pensar Caracas, pensar Venezuela. Hablar sobre nosotros, lo que nos pasa.
En análisis cuando se revela algo propio del sujeto que consulta sea un afecto, un acto, una palabra adviene allí lo extraño, se asusta. Eso le concierne, le es muy familiar. Lo vio por mucho en otros, le resulta inexplicable las injusticias, los excesos, la hostilidad. Y en sesión surgirá también con su analista pero pasa algo distinto, ¿habría desalojo? ¿ajuste de cuentas? Difícilmente se es culpable de un acto no consciente y sin embargo responsable, esa implicación asusta, encontrarse allí siendo más de uno a la vez. Se suele decir que hablé como mi madre, actué como mi padre y en esa reflexión una identificación de sí, una identidad.
Se podría decir que habrá en sesión la valiosa oportunidad de averiguarlo, indagar ese afecto, la particular manera en que se vive la experiencia de ese otro que otra vez exige, encubre, reclama, dificulta.. Y esa escena no es nueva, ese es el hallazgo. Un resto, un escombro de la historia personal allí posado.
Este post, que es una polaroid, un recorte de cierta experiencia de la que mucho no hay para decir porque todo está muy desorganizado, reconocerse es complejo. Escribo esto pensando en lo que se presenta en sesión, pensado en los caraqueños, los venezolanos de aquí y de allá. Ha pasado de todo, tantas cuestiones de las que habría que anoticiarse, aclararse y sin embargo. Es un post, suerte de miniatura que se cruza con un anhelo que no deja de respirar, el goce de saber.
Dejar una marca, pensar Caracas.

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