Conversar en psicoterapia ¿Qué me pasa?
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Algo no va más, no se sabe qué ni cuándo empezó. Seguir así es lo que no se puede. Este ensayo parte de ese momento: decidir buscar, encontrar, ayuda. “Venezuela, un sentido por cifrar” es una serie que se interroga psicoanalíticamente sobre la subjetividad venezolana, a partir de la práctica clínica. En esta ocasión, la Lic. Sheyla Mago propone un recorrido por el encuentro entre analista y paciente: ese espacio donde, sin advertirlo del todo, el sujeto emprende -reflexión mediante- el trabajo de ser quien desea ser.
A la consulta el sujeto llega con una pregunta acerca de sí, quizás llevado por algún acontecimiento o bien por ese otro que es vivido problemáticamente. Relata lo que conoce acerca de quién es. Si las cosas van bien en esa conversación confía una queja, la aparición de cierto enigma, eso de su origen que es una historia por traducir.
Y surge una molestia, una decisión escurridiza y no se siente bien. Es confuso, no sabe quién está siendo en ese momento. Y no puede sino señalar, agudamente con su dedo, a otro que no fuera a sí mismo. Ser indeciso cuenta como falta, de las que no se perdonan, entonces sabe y no sabe, y le pasa que está mal no saber.
A consulta el sujeto va porque probablemente algo en su vida dejó de funcionar de una manera que ya no puede ignorar —Son tantas cosas, no sé por dónde empezar— dice. —¿Empiezo por el inicio, mi historia, o empiezo por lo que pasa ahora? — Se abre un libro de esa vida, hoja tras hoja. Cada una atravesada por el presente, el pasado y el futuro. Los tres a la vez. Ese tiempo no cronológico, ese tiempo que se parece al del sueño, tan propio, donde los cuerpos tienen otros rostros, las escaleras otra casa… — Era yo, pero no era yo— escucho. Solemos escuchar esas escenas: una relación por romperse, un trabajo que espera, una tristeza adherida, una rabia, un lugar por volver. Esa sensación, incluso certeza, de que hace todo bien y sin embargo algo está mal. Y un día pasa y un afecto avisa que —Estaría bueno parar, ¿no te parece?— Que ya no más…
El pedido de acompañamiento es esa llave que abre la puerta. Es un alivio pedir esa cita, ir hasta la consulta, entrar. Pero es un alivio distinto. —No sé cómo explicarle—, se suele escuchar desde el sillón. El analista ahora aloja, escucha. El paciente se relata, se pausa, se conmueve. Hay algo que ya no puede sostener solo y de ese malestar, de ese deseo de entender, ocurre la reflexión. Un modo reflexivo de pensamiento* que pone en marcha un hallazgo que es un encuentro y un trabajo juntos. Y hay algo de este tiempo y lugar que es común y definitivo: ambos tienen una mortificación, una perplejidad que no cesa. La huella de algo que ocurrió para todos y diferente para el sujeto, al mismo tiempo.
No será fácil, no será pronto, pero será.
Porque existe la sospecha de que eso no se resuelve a fuerza de voluntad o reeducación. Un deseo bueno elegirá conservar probablemente no es un deseo propio y esta distinción puede ser pensada con un otro que está aquí, que lo vive y lo vivió. Que se encuentra decidido a entender: poder saber qué es eso de lo que hoy estamos hechos.
Venezuela, un sentido por cifrar.
Texto original de Sheyla Mago.
*El modo reflexivo de pensamiento refiere a un concepto ampliado por los psicoanalistas argentinos Jorge Winocur y posteriormente Jorge Catelli en sus trabajos sobre la identificación, aportes surgidos a partir de la lectura, pormenorizada y metalingüística, del texto freudiano.

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