Conquistar el espacio propio


El espacio propio es digno de una aventura de Julio Verne: territorio primitivo, inexplorado, por conquistar. Eso da mucho trabajo. No sólo porque exige integrarse, relacionarse, estudiar, prepararse, trabajar, acatar las normas. Sino porque debe ser atravesado en soledad (que no tiene nada que ver con abandono o la desolación). Esa experiencia es así desde que estamos muy pequeños, ese tránsito anida toda experiencia de triunfo, fracaso, pérdida y reparación. Como da mucho miedo lo llenamos con la pareja, la familia, los amigos. También con comida y otros consumos que para algunos deviene en adicción. Entonces lo que viene es el desborde y la experiencia del ataque, pues emerge en ese instante la individualidad y los límites que le territorializan y ese otro sale como corcho de limonada. Así decimos los venezolanos para referirnos a una expulsión.

Y lo que sigue a continuación es la repetición: vacío, consumo, desborde de los límites, ataque y expulsión, culpa, ansiedad, vacío.... En ese ciclo se funda un malestar pero también un goce, es decir, una experiencia de satisfacción que en definitiva dificulta refundar los límites, el término, la separación. A fin de cuentas, ésta última es la que vivenciamos como problemática pues nos deja frente a un serio malestar: las emociones hostiles, negativas, etc. A las que cuesta tanto hacer frente, sortear. El espacio propio en realidad está ahí para ser bien nutrido como si de un bebé se tratase. Según se alimente, crecerá. Y esa experiencia de satisfacción tiene vinculación con el placer de vivir. En cuanto a la sombra que convive con el individuo digamos que será parte de la labor domeñarla, poder ponerla al servicio de la vida con todo el esfuerzo y la experiencia del autoconocimiento. No es posible hacerla desaparecer, ignorarla, invisibilizarla. Eso es un imposible. Estará allí recordando que existe la vulnerabilidad, el miedo. Recordando la fragilidad de la existencia y con algo mas de conciencia, la capacidad de poder hacer el camino.

Obvio que es un trabajo, el mismo que tiene un plato delicioso y nutritivo. ¡¡A por ello!l!